Siempre

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martes, 22 de julio de 2008

Resucitación

¡He resucitado!
¡Cómo -dirán anonadados- si no te habías muerto!
Pues sí, he resucitado. No es necesario morirse para resucitar, esto es, no sólo se resucita de entre los muertos. También se resucita de entre los tarugos, por ejemplo, o de entre los borrachos, o incluso de entre esos peores ciegos que son los que no pueden ver.
Así resucité yo de entre los golosos: esos que pecan de gula y jamás se arrepienten lo suficiente como para vomitar o siquiera no cenar. El lunes no desayuné, dado lo que había tragado el fin de semana y fue un acto santo involuntario este ayuno. Creo que simplemente seguía estando llena. Comí lo que en mi caso se considera bastante frugal y cené un durazno de los que estaban de barata en el gualmart.
Hoy, martes, escribo y cotizo unas traducciones, lo que también forma parte del proceso de resucitación: trabajar.
E interrumpo porque mi hermanito santo me ha enviado unas croquetas que tienen una pinta.... han de ser de jamón serrano.

1 comentario:

Claudia dijo...

yo estoy muerta, hoy llega arturo de Francia, pero me puse a hacerle un extrimaikouver a su cuarto y a duras penas acabe, espero estar un poco alerta para cuando llegue en la madrugada, quiza viendolo resucite. lo bueno es que con tanta joda baje de peso y lo malo es que compré unas nueces de la india cubiertas de chocolate y no he parado de tragarmelas.
besos
claudia